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Editorial

Insertarse en el Asia

Insertarse en el Asia

La visita de la Canciller a Camboya marca el inicio de la ofensiva de Colombia para aumentar su presencia en la zona de mayor dinamismo económico del mundo, algo que necesita mucha persistencia.

Ha pasado relativamente desapercibido el viaje que la canciller María Ángela Holguín hiciera a comienzos de la semana a Camboya con el fin de participar en una conferencia sobre turismo, organizada por los integrantes de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (Asean). Y es que más allá de la visita de la funcionaria a Phnom Pen o de los encuentros que sostuvo con diferentes autoridades, su presencia al otro lado del Pacífico marcó el comienzo de la ofensiva de Colombia para aumentar su inserción en el Asia.

Ese, sin lugar a dudas, es un objetivo fundamental. Desde hace rato los especialistas en el tema han señalado que el país se encuentra rezagado frente a otros del hemisferio, que desde hace rato iniciaron el trabajo de estrechar lazos con una zona que es la de mayor dinamismo en el mundo. Tales esfuerzos incluyen el fortalecimiento de los vínculos diplomáticos, el establecimiento de oficinas comerciales o la presencia continua de los empresarios en un continente que alberga a más de la mitad de la población del planeta. Debido a ello, naciones como Chile, Perú, México o Brasil han tomado una buena distancia, que tiene una expresión práctica en las cifras. En todos los casos mencionados los números son muy superiores a los que tienen para mostrar los exportadores colombianos.

Semejante rezago constituye un error estratégico. Para comenzar, porque el país necesita aumentar su inserción frente al resto del mundo, mediante un aumento de sus volúmenes de comercio. Una mirada a las cifras muestra que el nivel de exportaciones por habitante de Colombia es inferior al de otras naciones de desarrollo similar. Además, las ventas están muy concentradas en unos pocos destinos, que no son precisamente los más dinámicos.

Según el Dane, entre enero y noviembre del 2010, 42,1 por ciento de las exportaciones -equivalentes a 15.158 millones de dólares- fueron despachadas a Estados Unidos, mientras que un 12,6 por ciento adicional se le vendió a la Unión Europea. El problema es que tanto el coloso del Norte como el Viejo Continente mantienen un ritmo de crecimiento mediocre, por decir lo menos. Por tal motivo, y sin desconocer que se trata de territorios de alto ingreso, lo aconsejable sería concentrarse en mercados más dinámicos.

En ese sentido, resulta alentador registrar que el año pasado Colombia parece haber despertado de su letargo. De acuerdo con el Ministerio de Comercio, los datos hasta octubre muestran un salto de 133 por ciento en las exportaciones hasta llegar a 3.327 millones de dólares, con lo cual su peso se duplicó dentro del total facturado: del 5 al 10 por ciento. Esa proporción está muy lejos de lo que se ve en algunas naciones vecinas, pero puede ser la comprobación de que -por fin- las cosas están cambiando.

El avance mencionado tiene expresiones individuales. Así, China ya se convirtió en el segundo destino individual de las exportaciones colombianas, con una participación superior al 5 por ciento. También es notorio el repunte de las ventas a Japón (47 por ciento), Corea del Sur (237 por ciento), Singapur (152 por ciento), Taiwán (756 por ciento) o Malasia (843 por ciento). No obstante, en buena parte de los casos se trata de bienes primarios de origen mineral, mientras los alimentos o los productos con algún grado de manufacturación son muy pocos.

Ante ese preocupante balance, hay que hacer mucho más. En eso consiste el esfuerzo de la Canciller, que constituye el primer paso de muchos. Dentro de los que siguen están la pronta apertura de una embajada de Colombia en Indonesia, un despacho comercial en Singapur, así como oficinas conjuntas con Perú y Chile en Vietnam y Tailandia. Todo ello debe venir acompañado de una mejora en el nivel profesional de los funcionarios que se encuentran en la zona, además de un mayor ritmo de visitas de alto nivel. Bajo esa perspectiva, caería bien un viaje del presidente Santos a algunas capitales asiáticas, ojalá en el presente semestre.

A lo anterior es bueno agregarle persistencia. Eso quiere decir saber invertir recursos y tender puentes, con el fin de recoger los frutos dentro de unos años. De lo contrario, esperar resultados inmediatos puede conducir a quitarle estímulo a un esfuerzo que, ante todo, necesita continuidad y metas de largo plazo.

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